08 marzo, 2008

martinete del pueblo

Hay una canción que dice "el pueblo quiere su paz, su libertad y su cultura" sigue diciendo otras cosas que quiere el pueblo y que ´nunca ha tenido, ni va a tener.
De los asesinos de ayer no pienso hablar, con los asesinos sólo se puede hablar desde la inquietud que produce un bárbaro, un fenómeno, una anomalía.
Hoy es jornada de silencio, de reflexión.
También es día de duelo.
Hoy, en contra de lo que nos dicen, de lo que nos mandan los que mandan, no voy a callar. Voy a gritar.
Mala ruina tenga quien mata y peor aún quien le guarda silencio al asesino. Mala ruina.
Y que se les retuerzan las tripas todos los días de su vida a los vecinos que no han querido cumplir con el muerto.
El sueño de la paz va unido al tiempo de sufrimiento, pero también de ilusiones. Seguro.

24 noviembre, 2007

jabera sin intención

Omega. Lagartija. Morente.
Llorar con Enrique. Morir con Lorca. En ese vals eterno.
En Nuevayork, en Granada, en la Huerta de San Vicente.
En el barranco, al lado del maestro y el banderillero.
Hay memoria, hay dolor, hay sentimientos. Sin rencor.
Con justicia, con valentía. Pobre gente implicada, toda la vida con la carga a cuestas en la conciencia.
Caminito. Enrique. Bailarines de tango.
El genio Fernán-Gómez viendo sin vida el escalofrío.
Llorar con Enrique. Sentir con Peñaloza.
Flamenco universal. Orgullo.

19 junio, 2007

minera del desespero

Todo se fue en el vapor del güisqui. Los quejíos, el compás, la música de compañía, y los vapores del espirituoso se llevaron todo como el agua se lleva la arena de los caminos.
El cantaor estuvo valiente, con tensión y cuajo, pero no se rompió. En todos los cantes se quedó a las puertas y en la minera final se le adivinó el desespero del que no se vacía entero en la faena.
De aliño compañero. Esperamos todos que en el próximo se eleve y se raje la camisa si hace falta, y si no, sufriremos todos otra vez.
Así es el arte, por lo menos el de las minas.

04 junio, 2007

Mirabrás del pueblo

Los vencejos se suicidaban felices contra el cielo de Chinchón. La algarabía de los pájaros no tapaba la de los chiquillos sueltos como potros. El maestro Morente miraba con media sonrisa la plaza desde un balcón del Ayuntamiento, desde su infancia de niño avispado en Granada había llegado a esta tarde en Chinchón sin desmentir nunca dos cuestiones fundamentales: la valentía y la honestidad.
Tiene el maestro lo que tiene porque es como es.
Se venía la noche al primer cite de las sombras y al mismo tiempo subieron al tablao de la plaza el Bandolero, Caracolillo, el Bo, Gabarre y detrás, silencioso, el maestro.
No desmintió la voz las intenciones y voló en espiral, ascendiendo a lo oscuro, con los vencejos, jugando con ellos y con el vendaval de aire fresco.
Fandangos, tonás en corro, y unas soleares dedicadas a Pepe Sacristán, solemnes, majestuosas y en una mágica comunión con la gente. El maestro Morente hace un flamenco tal que el pueblo lo acoge en corro, le da sitio en su conversación, se escalofría con el flamenco de Enrique como con una noticia trágica o tierna como el nacimiento de una nueva cratura en el pueblo.
Luego el vendaval subió y Morente hizo algunos bises de refilón para que el viento no le diera un mal aire a esa garganta que tiene tanta vida, que regala tanto vivido.

26 abril, 2007

Tientos del escalofrío

Un asombro recorrió los rincones umbríos de Sevilla. Un oh removió las piedras viejas de la Maestranza. Morante a porta gayola, como un legionario del toreo. Solemne como un cardenal, genuflexo ante el pozo negro del toril. Serio, eterno. De cabos negros.
A porta gayola, cuerpo a tierra, corazones a la boca. Luego el desmayo de las verónicas de cartel, el abandono mecido por la muerte en el vértice del pitón. El juego del toro, tan antiguo como el mismo tiempo.
Un escalofrío de almas enjoyó la Maestranza en mitad de la tarde. Morante resucitado en la decisión, confirmado de arte. Regocijo en los ojos sabios del maestro Rafael de Paula que apuraba el veguero como quien sorbe la vida sin remedio.
El resto, escalofrío, gloria del toreo para los restos. Como un quejío de Camarón en el centro del alma.

12 marzo, 2007

Plata derramada

Llueve como si fuera el fin del mundo, como si al arcángel Gabriel se le hubiera roto el clarín plañidero y toda la corte celestial se hubiera puesto a llorar por el destino de los hombres. Llueve mansamente; llueve por el norte y por el sur, por todos los puntos cardinales llueve con resignación. Llueve como nunca había llovido desde hace mucho tiempo y tanto brillo de acero en el paisaje trae una congoja que reconforta hasta el borde del llanto.
Llueve y no son horas de que caiga tanta agua, tanta plata derramada en el empedrado arabesco que representa secretamente las siete potencias del Universo, las siete fuerzas que al fin han hecho justicia llevándose lo reseco, lo estéril, lo árido de entre los hombres mortificados por los cardos de la sequía , las siete fuentes que manan la lluvia desmesurada que acompaña el entierro apresurado del verano infinito y pegajoso que todo lo apesta con su olor de pellejo reseco de animal consumido.
Llueve en todo el mundo ante mis ojos y no sé si encender un cigarro o encender Paz del Niño Josele y celebrar que después de tres mil años se han encontrado la arena salada de los gitanos de Almería con el humo negro del jazz de Bill Evans.

entre dos aguas

Parece que siempre llueve. Cuando llega ella siempre llueve.Fue un día de lluvia y verde, de lluvia en la ciudad infinita. En los barrios y en los museos de la ciudad llovió. Hubo ratos en que también llovía en mi corazón. En la autovía llovía a mares cuando sonó "entre dos aguas" de Paco de Lucía. La rumba se fue imponiendo, exacta, cada vez más certera, más directa en el sentir hasta que la lluvia dejó de oirse y sólo quedó la música. La música ,y ella que ha llegado. La vida otra vez. La puta y vieja vida que viene enredada entre el genio fresco y monstruoso de Paco.

01 marzo, 2007

toná del beso

Alguna vez viene sin avisar y nos roza, leve, los labios y queda como un rumor de azúcar glasé que nos recuerda el sabor de un territorio recién visitado, todavía sorprendente por desconocido, aunque con una rara familiaridad que nos acoge como si toda la vida hubiéramos estado allí.
Ocurre alguna vez que un beso parece alguien de nuestra familia, o un amigo que nos visitara desde la memoria más secreta de nuestros años. Entonces la vida se planta enfrente y ya no nos deja tranquilos, todo son honduras, profundidades. Como la voz grave, antigua de Menese cuando se desliza por una toná legendaria.